miércoles, 14 de agosto de 2013

¡Lo Merezco!

Porque ésta desea lo que es contrario al Espíritu,
y el Espíritu desea lo que es contrario a ella.
Gálatas 5:17
Esa naturaleza pecaminosa de la que hablamos hace unas semanas a veces asoma su cabeza en la forma del pensamiento yo merezco más. Nos lleva a demandar el mejor negocio, la parte del león, el mayor reconocimiento y lo mejor de todo. Desde la más temprana infancia, como hemos visto, nuestro impulso es enfocarnos en nosotros mismos y no considerar las necesidades de los demás. Y sí, esta actitud de “lo merezco” puede permear el matrimonio. El resentimiento puede escalar sobre quién trabaja más, quién gasta más de su parte del dinero, y quién no está haciendo lo suficiente para servir al otro. Entonces el enojo irrumpe sobre irritantes insignificantes que burbujean del caldero de las emociones. Muchas peleas en el matrimonio comienzan con la creencia de que estamos siendo defraudados en la relación.

Tenga cuidado con esta trampa. El instante en que comenzamos a pensar que merecemos más, hemos comenzado a ir cuesta abajo por el resbaloso camino que conduce al egoísmo. Puede devastar una relación.

John Ferrier (el piloto cuya historia de sacrificio leímos hace un par de días) no merecía morir en un vecindario de Ohio, pero cuando se presentó la crisis, él escogió sacrificarse por los demás. Jesús no mereció ser clavado en una cruz de madera, pero por el amor a su Padre y a nosotros, se permitió a sí mismo ser crucificado. Esta clase de amor expiatorio busca servir, y no “merecer”, y eso ¡cambia todo!

* Tomado del libro "Una Luz en la Noche" del Dr. Dobson y su esposa Shirley, pág.26

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