Los psicólogos cristianos y los humanistas
difieren en forma significativa en cómo ven la naturaleza humana. Los
psicólogos seculares dicen que los niños nacen “buenos”, o por lo menos
“moralmente neutrales”. Creen que los niños aprenden a hacer cosas malas de los
errores de sus padres y de una sociedad corrupta.
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Yo sé que soy malo de
nacimiento;
pecador me concibió mi madre.
Salmo 51:5 |
Sin embargo, como cristianos, sabemos que no es
así. En lo profundo de nuestro carácter se encuentra una voluntad propia que
nace con nosotros, que es parte de nuestra naturaleza genética. Deseamos
controlar a la gente, a nuestras circunstancias, a nuestro medio, queremos lo
que queremos, y lo queremos ahora mismo. Adán y Eva demostraron esto cuando
comieron del fruto prohibido. Los niñitos que comienzan a caminar pisotean con
fuerza y dan berrinches. Los esposos y las esposas ilustran la misma
obstinación cuando discuten acerca de cómo gastar el dinero, o si el rollo de
papel higiénico se debe desenrollar con el papel saliendo por arriba o por
abajo. El rey David se refirió a este mismo instinto natural básico cuando
dijo: “En pecado me concibió mi madre”.
Solamente Jesucristo nos puede ayudar a encarar
la depravación que nos lleva a ser egoístas, soberbios y desobedientes. Él ha
prometido hacer por nosotros lo que nosotros no podemos hacer solos. Hablemos
sobre esto.

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