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| Oremos sin cesar... |
Por Cheri Fuller
El misionero se levantó y se preparó
para dejar el campamento donde había pasado la noche. Iba camino a la ciudad a
comprar suministros médicos. Apagó su pequeña fogata, se puso la mochila al
hombro y se subió a su motocicleta para continuar el viaje a través de la selva
africana. Cada dos semanas hacía ese viaje de dos días para sacar dinero del
banco y comprar las medicinas y los suministros necesarios para el pequeño
hospital donde él servía. Cuando completaba esos recados, se volvía a subir en
la motocicleta para iniciar el viaje de regreso.
